“Hay margen para la solidaridad dentro de los instrumentos ya existentes. Tenemos que explotar estas herramientas por completo y permanecer abiertos a hacer más”. Esto dijeron el lunes Ursula von der Leyen, Charles Michel y Mário Centeno, los respectivos presidentes de la Comisión, el Consejo y el Eurogrupo, dejando de alguna forma claras cuáles eran las intenciones de Europa a la hora de buscar una respuesta común a la crisis del Covid-19. Al trío tendría que haberse unido el presidente del Parlamento Europeo, el italiano David Sassoli, quien finalmente no fue invitado a una reunión conjunta con la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde.

La anécdota explica de alguna forma la posición en la que ha quedado Italia, el país europeo más castigado por la epidemia y el único que se ha mantenido firme rechazando de facto el MEDE y abogando por la emisión de coronabonos. También explica la división que sigue patente en Europa. El norte, encabezado por Alemania, Holanda y Austria, quiere poner en marcha el MEDE con intereses y de ninguna forma compartir riesgo. El sur, liderado por Italia, Francia y España, pide mutualizar la deuda –con los famosos coronabonos– y, salvo Italia, parte de este grupo estaba dispuesto a hacer uso del MEDE sin condiciones.

La propuesta de Europa, que a primera hora del miércoles continúa sin acuerdo, finalmente se materializó en una suerte de mezcla que se nutre de los instrumentos ya existentes, y que no convence a Italia, que se queda sola en sus posiciones contrarias al MEDE. España parece apoyarla si luego hay reactivación económica y Francia ha mutado hacia posiciones algo más pragmáticas. La movilización total del plan roza los 500.000 millones de euros. Se basa en las ayudas propuestas por la Comisión para luchar contra el paro (100.000 millones), en la inyección del Banco Europeo de Inversiones (hasta 200.000) y en la activación de parte del MEDE y sus créditos (cerca de 200.000 millones).

En esta ocasión, respecto al último punto, el norte parece haber aceptado que la condicionalidad inicial debe ser muy baja, pero no hay acuerdo a la hora de fijar la frontera. El norte también ha cedido en que una parte minoritaria del fondo del MEDE (la que se use inicialmente) no tenga que estar sujeta a los pactos de estabilidad ni recogida en un Memorando. De mutualizar deuda, sea con eurobonos o coronabonos, ni se habla. Tampoco del Plan Marshall propuesto por España. Austria y Holanda, de hecho, corroboraron de nuevo su veto a la emisión conjunta antes de la videoconferencia.

La reunión de los ministros de Economía y Finanzas ha continuado durante toda la madrugada. Prevista para las 15 horas del martes, su comienzo se retrasó hasta las 16 horas. Tras tres horas de primeros intercambios e impresiones, volvió a prorrogarse durante varias horas más hasta ya entrada la noche. Nada nuevo en la Unión, incapaz desde hace un mes de encontrar una respuesta fiscal contundente en clave comunitaria. El resultado, con o sin acuerdo, se dará a conocer en una rueda de prensa del presidente del Mario Centeno a las a las 10 horas del miércoles.

Los líderes de las instituciones europeas habían sido encomendados a elaborar una propuesta para presentar a los ministros de Economía de la Unión. Todo, tras la profunda brecha que se abrió hace un par de semanas entre los líderes políticos de la UE, con dos bandos, el del norte y el del sur, claramente enfrentados. Entonces, semanas, los argumentos pasionales y la vehemencia se impusieron a los asuntos meramente técnicos.

España, tal y como explicó antes del Eurogrupo la vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, parece aceptar una condicionalidad light del MEDE. Pero pide algún tipo de mutualización futura para reactivar la economía tras la crisis, así como la creación de un fondo de reactivación. Que estos mecanismos “se llamen eurobonos o coronabonos es secundario, lo más importante es que estemos unidos en los mercados para recuperarnos sin que aumenten las divergencias en el conjunto de la Unión”.

Lo que no es aceptable, añadió, es que “cada país haga frente solo a los costes derivados de esta emergencia”. Por eso España está trabajando para sacar adelante diferentes mecanismos de mutualización a largo plazo, con el objetivo de buscar un vehículo de actuación, o bien nuevo o bien incluido dentro del Marco Financiero Plurianual. Francia también parece estar por la labor de apoyar una propuesta parecida. No así Italia, más ambiciosa. Para el sur, la prioridad es una respuesta conjunta a largo plazo.

El país transalpino rechaza que el MEDE sea la primera línea de defensa y España acepta que estos préstamos estén solo vinculados a adoptar medidas para responder a la pandemia. Hacer uso del fondo de rescate, lo saben muy bien en el sur, implica hoy por hoy caer en el estigma económico, haya o no visita posterior de una Troika. Mientras tanto, en el norte difieren sobre cuál debe ser la condicionalidad del grueso del dinero disponible en el fondo. Mayor o menor, debe haberla, ya que para ellos, a grandes rasgos, esta crisis sanitaria y económica no es simétrica.

También surgen dudas sobre la propuesta de la Comisión para crear un fondo temporal de 100.000 millones común contra el desempleo, una herramienta bautizada como Sure. Un grupo de Estados, liderados por Países Bajos, quiere definir con claridad cuál será la duración de este instrumento y, además, ampliar su alcance para que no solo sirva para evitar despidos. El sur, aunque no ve del todo mal la propuesta, ha vuelto a perder. España, Francia, Italia o Portugal reclamaban desde el principio una especie de seguro comunitario contra el paro.