Alzas que algunas empresas y sectores ya han comenzado a aplicar. Cualquier situación, por mala que sea, siempre es susceptible de empeorar, y la evolución de los precios industriales en España dibuja un panorama dramático no solo para las compañías, cuyos márgenes ya no soportan más abruptas subidas de costes, sino para los clientes y consumidores, que ya sufren los efectos de la espiral inflacionista y que en las próximas semanas se enfrentarán a incrementos generalizados de precios, viendo laminado su poder adquisitivo. Los precios industriales se dispararon un 31,9% en octubre, 8,1 puntos más que en septiembre, registrando su tasa más alta en 45 años (desde enero de 1976); esto es, desde que España es una democracia.

Son ya diez meses de subida exponencial en los que la factura energética sigue siendo la gran culpable. Los precios del suministro de electricidad y gas prácticamente se han duplicado, al subir un 96,4% en octubre, mientras que el refino de petróleo lo ha hecho un 79,3%, provocando un efecto dominó en otros muchos sectores, que desde hace meses sufren el efecto combinado de los cuellos de botella en el suministro y la producción; la escasez de materiales y componentes, y el fuerte encarecimiento tanto de las materias primas como del transporte.

Así, los precios se han catapultado un 48,8% en la industria metalúrgica y un 28,3% en la química. Son los síntomas de una severa afección inflacionista que golpea con dureza a los bienes intermedios y que ya se ha extendido a sectores como la industria del papel, donde los precios suben un 13,9%; de la madera (+10,6%), de la alimentación (+7,3%) o la fabricación de muebles (+4,6%). No hay un solo sector en que no suban los precios, ni siquiera en la fabricación de bebidas (+0,1%), que en meses anteriores había sido la excepción a la regla con tímidos abaratamientos.

Esta situación ha disparado las alarmas en el tejido empresarial, que no atisba una relajación de las presiones en un futuro inmediato. “No hay nada que permita pensar que esto va a cambiar a medio plazo”, señalan fuentes de Confemetal, que advierten de que la industria no tendrá más remedio que repercutir este aumento de precios a sus clientes, porque “la inmensa mayoría de segmentos de actividad no tienen margen para seguir absorbiendo costes”. Es una decisión difícil para el sector porque las alzas de precios se traducen, además, en pérdida de posición competitiva en una industria muy exportadora como es la del metal.

Todo ello en un contexto en el que, de prolongarse el bucle inflacionista, podría dar lugar a otra espiral perniciosa, aquella en que una caída de ventas, de inversión y de resultados desemboque en la pérdida de empleos, apuntan desde Confemetal.

La serpiente de los precios se extiende a lo largo y ancho del mapa industrial español y su impacto se deja notar ya en la cesta de la compra, donde la tasa de inflación marca máximos de tres décadas en el 5,4%. Se disparan los precios de los cereales por el encarecimiento de las materias primas, la energía, los fertilizantes y el transporte; los agricultores amenazan con dejar de producir si no reciben ayudas ante unos costes que son ya más elevados que los ingresos, y el precio de los coches usados sube un 7% en lo que va de año ante la falta de chips en la industria de automoción, cuyos retrasos en la producción de turismos nuevos están provocando el desvío de parte de la demanda hacia los vehículos de segunda mano. Volkswagen parará su producción en la planta de Navarra del 29 de noviembre al 12 de diciembre por la falta de microchips, mientras que marcas como Renault y Seat prolongarán sus ERTE hasta junio por esta razón, afectando a miles de trabajadores.

El sector del automóvil es solo uno de los muchos eslabones de la cadena afectada por la escasez de componentes electrónicos, cuya carestía afecta a la producción de móviles, ordenadores e incluso a los aparatos de climatización, por la falta, por ejemplo, de termostatos. La onda expansiva alcanza también a la industria del mueble, otra de las más exportadoras. Y no solo por el alza del precio de la madera, que ha llegado a duplicarse este año, y por su escasez, sino también de otras materias esenciales para la fabricación de colchones o sofás, como la gomaespuma, que hoy es hasta un 25% más cara.