Un mes después de que Washington y Pekín acordaran un alto el fuego para poner freno a la escalada arancelaria, el presidente estadounidense, Donald Trump, y el viceprimer ministro y máximo negociador chino, Liu He, procedieron hoy a firmar la primera fase del pacto. La cita, que se celebró en la Casa Blanca, contó con la presencia de una docena de empresarios estadounidenses y funcionario chinos.

“Esta es una ocasión muy importante. Juntos estamos enderezando los errores del pasado”, señaló Trump tras la rúbrica del pacto, un documento de 86 páginas cuyos detalles se conocen con cuentagotas, pero que, como ya adelantaron los funcionarios americanos, no se hará público. “Tan pronto como empiecen a implementarse las medidas, comenzaremos a negociar la fase dos”, apuntó el presidente de EE UU.

Aunque las posturas entre ambos países se han acercado en los últimos meses, Washington mantendrá los aranceles del 15% sobre 120.000 millones productos chinos. “Estaré de acuerdo en quitarlos si avanzamos hacia una segunda fase, de lo contrario no tendremos nada con lo que negociar”, remarcó.

A pesar de que las dos potencias mantendrán en secreto el documento, las autoridades dieron a conocer algunos de los aspectos claves. Entre los compromisos adquiridos por China se encuentran las compras adicionales de 200.000 millones de dólares (180.000 millones de euros) para cerrar el desequilibrio comercial que mantiene con la primera economía del mundo. De esta cuantía, 77.700 millones irán destinados a los productos manufactureros, incluidos aviones; 32.000 millones se concentrarán en productos agrícolas; 52.400 millones en energía (gas natural y petróleo) y los 37.900 millones restantes en servicios.

Durante la negociación que han mantenido, las delegaciones de ambos países se han centrado en los productos agrícolas, especialmente en el hecho de si las importaciones de China podrán alcanzar los 50.000 millones que prometió Trump. Este punto es especialmente importante para la reelección del presidente de EE UU, que concentra en el sector agrícola una parte importante de los votos que lo llevaron a la Casa Blanca en noviembre de 2016. Si se cumplen estas previsiones los cálculos de Bloomberg prevén en un incremento adicional del PIB de EE UU del 0,2% al 0,3%.

El acuerdo exige a Pekín acabar con el robo de la tecnología estadounidense y de los secretos corporativos por parte de las empresas y entidades asiáticas. El pacto obliga a la segunda economía del mundo a detener la venta de productos pirateados y a aplicar sanciones penales a todos los que estén implicados en la ocultación de secretos comerciales. Asimismo, insta a China a dejar de presionar a las compañías estadounidenses que invierten en el país para compartir tecnología.

Por último, está la cuestión de no manipulación de la divisa. El pasado lunes EE UU sacó a China de la lista de países que alteran de manera artificial su moneda, un paso que demuestra el compromiso de ambos con la paz comercial.