Esto significa que en 2008 el 65,1% de la población de entre 15 y 64 años residente en España tenía un empleo, frente al 63,3% que lo tiene actualmente, según datos facilitados hoy por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) –que evalúa a los cuarenta países más industrializados del planeta–.

La tasa de empleo así medida es el porcentaje de población en edad de trabajar que tiene un puesto de trabajo y cuanto mayor sea más fuerte es la fuerza laboral del país y su crecimiento supone un claro indicador de prosperidad económica. De hecho, la tasa de empleo global de la OCDE se mantuvo en el segundo trimestre en un nivel récord del 68,7%, tres décimas más que un año antes y 2,2 puntos superior a la de 2008.

Sin embargo, la evolución de la tasa de empleo en España ha sido negativa, algo que, en el Club de los países ricos, como también se conoce a la OCDE, solo ha ocurrido en estos últimos once años en Grecia, Irlanda, Dinamarca y Noruega; mientras que en Estados Unidos se ha mantenido idéntica entre 2008 y 2019.

Si bien, de todos estos Estados que han disminuido su fuerza laboral en este tiempo, España está entre los que han registrado un menor recorte: 1,8 puntos frente a los cinco puntos menos de Grecia o los 3,1 de Noruega y Dinamarca. Aunque hay que precisar que todos estos casos no son equiparables, ya que, pese a la caída de la tasa de empleo en estos dos últimos países nórdicos, su fuerza laboral sigue estando entre las más altas del mundo (75% y 74,9%, respectivamente). De hecho, solo cinco países superan estas tasas de empleo: la República Checa (75,1%), Japón y Nueva Zelanda (77,6%), Holanda (78,2%) y Suiza (80,5%).

No obstante, la noticia positiva para España en materia de tasa de empleo es que pese a ser aún menor que hace 2008 lleva varios años incrementándose a un ritmo de alrededor de un punto porcentual anual. A pesar de ello, la economía española sigue lejos de poder cumplir el objetivo que le ha impuesto Europa consistente en alcanzar una tasa de empleo del 74% en 2020. De hecho, en la Unión Europea solo Grecia (con una tasa del 56,5%) e Italia (59%) tienen fuerzas laborales menos voluminosas que la española.