La inmensa montaña de deuda que arrastra la economía mundial se ha hecho más alta. Tras una pequeña pausa en el 2016, el endeudamiento de empresas, consumidores y estados volvió a subir el año pasado a escala planetaria. Se sitúa ya en la cifra récord de 247 billones de dólares –unos 211 billones de euros–, tres veces más que el PIB mundial, según el último informe del Instituto Internacional de Finanzas (IIF) en Washington.

Diez años después de la gran crisis del 2008, “los temores sobre créditos arriesgados vuelven a asomarse”, advierte el instituto. Mientras el crecimiento sincronizado de la economía mundial en el 2017 quitaba algo de hierro al problema, ahora “el crecimiento global pierde fuerza y suben los tipos de interés en Estados Unidos”, una pinza peligrosa para un mundo tan endeudado.

El IIF, el principal lobby de la banca internacional, es una autoridad sin rival en el asunto de endeudamiento. A fin de cuentas, los principales factores responsables de la expansión imparable de la deuda mundial en las dos últimas décadas son “la globalización de la banca y el fácil acceso al crédito”, según resumió el Fondo Monetario Internacional.

Aunque la deuda pública ha subido de forma preocupante en los últimos cinco años, el segmento de deuda global que más crece corresponde a las empresas, principalmente grandes multinacionales (sin incluir a los bancos u otros intermediarios financieros). La deuda empresarial a escala mundial ha subido 16 billones de dólares desde el 2013, al pasar de los 58 billones hasta 74 billones en el 2018, un aumento del 28%, según el IIF.

Pese a las repetidas advertencias de que el sector de deuda corporativa debía desapalancarse tras la crisis del 2008, la deuda empresarial ha subido el 38% desde la crisis en 2008. Es un dato que hace pensar, ya que la crisis entonces fue desencadenada en gran parte por un exceso de deuda empresarial.

El IIF advierte que, en las economías emergentes, las grandes cantidades de deuda denominada en dólares –5,5 billones de dólares, un 78% de ellos correspondientes a empresas– pueden ser una bomba de relojería debido a la apreciación del dólar que está ocurriendo en la nueva fase de subidas de tipos en Estados Unidos. Los países más vulnerables a una fuga de capitales debido al endeudamiento de sus empresas son Turquía, Polonia y Chile.