La reforma laboral que hizo el Gobierno del PP en 2012 y que ahora el actual Gobierno quiere desmontar sirvió para crear empleo y, con el tiempo, para mejorar algo el índice de desigualdad. Pero hasta aquí las buenas noticias, porque esta reforma empeoró el mercado laboral, con un empleo de peor calidad, con menos horas, menos productivo y más trabajadores pobres.

Este es, en resumen, el análisis elaborado en uno de los informes que hacen expertos economistas para el Fondo Monetario Internacional (FMI) titulado Implicaciones distributivas de las reformas del mercado laboral: Aprendiendo de la experiencia de España y que se ha hecho hoy público.

Este trabajo afirma que «las reformas de 2012 mejoraron los resultados en materia de empleo, incluso para los jóvenes». Asimismo, el documento elaborado por Ara Stepanyan y Jorge Salas, asegura en sus conclusiones que «la fuerte creación de empleo, ayudada por las reformas, ha mejorado la distribución de los ingresos después de 2012». Es más, añaden que, «cinco años después de esta reforma, hay evidencias de que la reforma laboral contribuyó a una reducción significativa del coeficiente de Gini», que es uno de los principales indicadores que miden la desigualdad en una sociedad.

En concreto, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) que es el encargado de elaborar el índice Gini para España, este ha caído de 34 puntos en 2011, antes de la reforma, a 33,2 puntos en 2018, último año con datos disponibles.

Sin embargo, sus investigaciones no arrojan resultados concluyentes sobre el impacto de esta reforma del 20% de la población que más gana y del 20% que menos gana. Tampoco encuentran ningún impacto sistemático de la reforma laboral en la tasa general de la población en riesgo de pobreza. Pero, por el contrario, sí han encontrado evidencias de un aumento de la tasa de trabajadores pobres, tras los cambios en la normativa laboral operados en 2012.

Este aumento de la pobreza entre las personas que tienen un empleo está podría ser consecuencia, según este estudio, de otros dos efectos de la reforma que han contribuido a empeorar el mercado de trabajo español. Concretamente, hallan un impacto negativo en la productividad del empleo en general. Concretamente, las conclusiones de estos expertos apuntan a que las modificaciones legales «contribuyeron a una reducción del promedio de horas trabajadas y a un aumento del tiempo parcial involuntario». Aunque en este último punto admiten «conclusiones estadísticas insignificantes» y creen que la mayor flexibilidad en la contratación a tiempo parcial es la causante de este deterioro.

Pero este informe no culpa solo a la reforma laboral del empeoramiento de la calidad del mercado de trabajo desde el punto de vista de menos horas trabajadas. También apuntan a un «cambio estructural de la economía, que pasa de la construcción, que emplea en mayor medida a trabajadores a tiempo completo, a los servicios, en los que alrededor del 18% de los empleados tienen contratos a tiempo parcial». Este porcentaje es casi cuatro puntos superiores a la media de parcialidad entre los asalariados en general.

Dicho todo esto, los autores del estudio hacen otras dos salvedades. Por un lado, advierten que sus conclusiones no arrojan luz sobre el papel de las reformas específicas de todos estos cambios, sobre cuestiones como, por ejemplo, los salarios, «sin embargo los resultados de otros estudios sobre el impacto de la reforma laboral de 2012 sí sugieren que probablemente las medidas destinadas a mejorar la flexibilidad salarial hayan tenido efectos».

Y, en segundo lugar, recomiendan «ser cauteloso» al interpretar todo este análisis, porque los impactos detectados en este estudio «podrían estar también influenciados por otras cuestiones que se produjeron al tiempo de estas reformas, incluyendo otros cambios estructurales en las políticas económicas.